MADEIRA

Sierra y Mar

Al ser una tierra de clima agradable, de mar y de sierras, Madeira ya recibía turistas en el siglo XIX. Algunos estaban de paso en los barcos que hacían escala en la bahía de Funchal, otros porque creían que los buenos aires de la isla ayudaban a curar los problemas pulmonares. Sissi, la emperatriz de Austria, consta en esa lista de visitantes ilustres de hace 150 años.

Pero la isla con la que se encontró Sissi es muy diferente de la de hoy en día. Funchal, su capital, es una ciudad cosmopolita llena de cafeterías con terrazas, tiendas, museos y monumentos. Se trata de la primera ciudad fundada por europeos fuera de Europa y tiene 500 años de historia para ofrecer, calles llenas durante el día y tranquilidad por las noches.

La Sé, una catedral de estilo manuelino, el Convento de Santa Clara, el Museu das Cruzes o el Museu de Arte Contemporânea en Forte São Tiago son algunas de las visitas obligatorias. En la zona baja de Funchal también tenemos el Mercado dos Lavradores y la Zona Velha. El primero hay que visitarlo de día, la Zona Velha es para ir a comer o a cenar y observar las puertas pintadas de la Rua de Santa Maria. La espetada em pau de louro (pinchos en palos de laurel), los platos de sable negro y el atún son habituales en los menús de casi todos los restaurantes de esta zona y de toda Madeira.

Funchal está a poca distancia del bosque laurisilva, Patrimonio Mundial de la UNESCO, que crece en altitud y que en algunos tramos va a la par de las levadas, los canales que llevan agua a todos los rincones de la isla. Algunas de ellas pasan por la sierra y funcionan como senderos que permiten observar una belleza natural escondida.

La isla tiene dos costas diferentes y ambas merecen ser descubiertas. En el sur se hace surf en Paul do Mar, un lugar excelente también para el buceo. En el norte podemos disfrutar de las piscinas naturales de Porto Moniz y Seixal.

De la costa norte y del Estreito de Câmara de Lobos provienen las uvas que se utilizan para el vino Madeira, un vino generoso que forma parte de la vida de Madeira. Una botella de este vino puede durar hasta 100 años si se cambia el corcho cada 20 años.

Porto Santo es la otra isla habitada del archipiélago, famosa por su extensa playa cuya arena posee propiedades medicinales. Frente a Funchal se avistan las Desertas, islas deshabitadas que es posible visitar en paseos organizados en barco. Son una reserva natural y el territorio de focas monje o lobos marinos, una de las especies más amenazadas del planeta.

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