MONASTERIOS

Alcobaça, Batalha, Jerónimos y Mafra

El Monasterio de Santa María de Alcobaça, más conocido como Monasterio de Alcobaça, es la primera obra de estilo gótico de Portugal y está clasificado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La construcción de este edificio, que serviría de abadía para los monjes de Císter, comenzó en 1178. Las tierras fueron donadas por el primer rey de Portugal, Alfonso I, como promesa por las victorias en la conquista de la ciudad de Santarém. En este monasterio se encuentran las tumbas de Pedro I y su amante, doña Inés de Castro, los dos protagonistas de una trágica historia de amor.

Batalha es la ciudad en la que los portugueses ganaron a los españoles en la batalla de Aljubarrota y se aseguraron su independencia. Allí se eleva el monasterio de Santa María de la Victoria, un convento mandado erigir por Juan I en 1396 y habitado por monjes dominicos que se construyó a lo largo de dos siglos y durante los reinados de siete reyes portugueses. De hecho, no llegó a finalizarse. Hoy en día se encuentra allí el panteón de Eduardo I, más conocido como el de las capillas imperfectas. Tampoco se llevó a cabo la obra de la bóveda central. Una enorme estatua de Nuno Álvares Pereira honra al héroe de la batalla, beatificado por la iglesia católica.

El Monasterio de los Jerónimos, en Lisboa, es la ópera prima del estilo manuelino y fue mandado edificar por Manuel I tras el regreso de Vasco de Gama de la India. Las obras comenzaron en 1502 gracias a los beneficios obtenidos del comercio de especias. Allí se encuentran las tumbas de Manuel I, Vasco de Gama, los poetas Luís Vaz de Camões y Fernando Pessoa y el escritor Alexandre Herculano. Es uno de los monumentos portugueses clasificado como Patrimonio de la Humanidad.

El imponente Convento de Mafra, en los alrededores de Lisboa, es uno de los monumentos barrocos más importantes de Portugal. Fue Juan V quien ordenó su construcción, según se dice, para agradecerle a su mujer que le hubiese dado descendencia, aunque existe otra versión relacionada con una enfermedad que el rey superó. El descubrimiento de oro en Brasil, colonia portuguesa por aquel entonces, cambió el proyecto, cuya construcción se inició en 1717. No se ahorró en gastos, mármoles ni la calidad de los muebles. Además, desde allí partió el último rey de Portugal al exilio en 1910, primero hasta Ericeira, luego al yate real y después al extranjero.

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