ALENTEJO

La inmensa planicie alentejana

El Alentejo, tierra de buena comida y buen vino, se extiende más allá del río Tajo hasta las sierras del Algarve en una inmensa planicie de campos de cereales, alcornoques, olivos y viñas. Los caseríos blancos de las ciudades y aldeas denotan la influencia árabe y la gastronomía revela el ingenio del pueblo en darle sabor a la escasez. Los que se aventuran por la región se enamoran rápidamente de un lugar que conserva con orgullo su patrimonio, sus paisajes y sus tradiciones.

El Alentejo está compuesto por tres distritos (Portalegre, Évora y Beja) y ofrece una gran diversidad de experiencias. En la costa, las playas (Sines, Vila Nova de Milfontes y Porto Covo son solo algunas de las más conocidas) son hermosas, con una parte todavía salvaje y a salvo de la masificación de visitantes. En verano, se llenan de los jóvenes que no faltan al festival de música de Azumbejeira do Mar. En esta costa también se sitúan las playas de Amado y de Arrifana, dos de las mejores para practicar surf y bodyboard.

En el interior, la vida es más rural. En las masías se produce vino, trigo, aceite y corcho y hay campos de girasoles destinados a la producción de aceite. Los campos también sirven de pasto para los rebaños y en casi todo el Alentejo se cría cerdo ibérico, cuya carne es muy usada en los platos típicos de la zona. Algunas masías también tienen una vertiente de turismo rural y ofrecen alojamientos de gran calidad muy apropiados para los que buscan paz y sosiego.

El Alentejo es una de las regiones vitivinícolas más importantes de Portugal, por ello podemos encontrar varias bodegas cuyos vinos son de los más consumidos por los portugueses. De aquí sale el vino que acompaña la buena mesa alentejana, las migas y las sopas, aderezadas con aceite y cilantro. Son comidas donde también marcan presencia los dulces de conventos, como las barrigas de freira, el toucinho de noz, los morgados y el pão de rala.

Ya sabemos que las playas son bonitas y las masías tranquilas y sosegadas, pero no nos podemos olvidar de las ciudades alentejanas ni del Guadiana, el río que baña la región. Évora y Elvas (la ciudad fortificada) son Patrimonio de la Humanidad, pero no son los únicos lugares del Alentejo que merece la pena visitar. Las ciudades de Marvão, Monsaraz y, más al sur, de Mértola son museos vivos. Además, la Aldeia da Luz, reconstruida debido al levantamiento del embalse de Alqueva, es un lugar que no se debe dejar atrás. Todo esto sin contar con las ruinas romanas, los dólmenes y los menhires esparcidos por toda la región.

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